EXPERIENCIA DE UNA VOLUNTARIA EN LA AECC

En 2013 decidí hacerme voluntaria de la AECC, pero no empecé a tener contacto con niños oncólogos hasta 2014, tras realizar un período de formación para poder actuar con una preparación básica. He de decir que un voluntariado es responsabilidad y compromiso.

En Enero de 2014 llegué al Hospital Materno de Granada, para  realizar el ansiado voluntariado con los niños/as que tantas ganas tenían de jugar y sonreír, fuera de su habitual tratamiento.

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Mi primer día, puedo decir que ha sido como el resto de días que llevo hasta ahora (Noviembre 2016). Cada día que voy debo controlar mis emociones, porque siempre me pregunto: ¿por qué ocurre esto? Intento no pensar y ponerme a jugar con ellos/as.  Es una gran satisfacción cuando ves que tienen mucha más energía que uno mismo, son capaces de estar toda la mañana con una sonrisa en la cara y una enorme felicidad.

Hay niños/as de todas las edades, con los cuales tienes que tener la habilidad de adaptación rápida, saber cómo responder ante esa situación. Por ejemplo, con los adolescentes, son más conscientes de lo que está sucediendo, a veces se hace más complicado el contacto con ellos, pero es un pequeño reto que se consigue. Y, al final,  te dicen: “¡No te vayas!, ¡un rato más de juego y espero volver a verte!”.  Lo que se siente con estas palabras es difícil de explicar: SATISFACCIÓN.

“A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”  (Madre Teresa de Calcuta).

Trini Del Río Cotes, voluntaria de la AECC.

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